Yvan's profileEn busca de El rellano s...PhotosBlogListsMore ![]() | Help |
|
December 27 FALSAS APARIENCIASDe la misma forma que uno tiende a defender su patrimonio intelectual, ya sea a modo de divagaciones varias salvaguardando sus ideas, suele ser común que en su intento por hacerlo, nos topemos con la contradicción personificada en forma de palabras ratificadas por hechos. Ésas que bien prescinden por momentos de la personalidad propia, para someterse a la identidad del que nos precede, del que nos procede.
Intentan ajustar a su manera (a martillazos me atrevería a decir…) todo aquello que les hace presumir de una presunta empatía. Y digo presunta por la sencilla circunstancia de que con el paso de la conversación, percibes que tras un rol de introspección recíproca, la dinámica persuasoria en la que entran para convencernos, sólo es una verdad que se encuentra en sus manos y que en realidad desmiente a la auténtica verdad.
Vivimos en un mundo curvo, rodeado de patrones que intentan mantener la consistencia de una sociedad sin rumbo fijo, pero que a su vez, procura salir de esa campana cuyo resonar puede llegar a resquebrajar cada rasgo permitido en un mundo imaginario. Nos atrevemos a catalogar lo que es normal en relación a lo que no lo es, qué es lo correcto y cuál es su defecto. Miramos de primera mano pruebas que sólo llegan por terceras personas que interpretan situaciones en función de sus necesidades, en función de no sentirse aislados dentro de una isla de razones cuando menos de dudosa credibilidad.
No soy nadie para sesgar el campo de posibilidades, ni lo soy para poner en desuso principios de incertidumbre que ahora no tienen que ver con la cuántica. Simplemente soy una persona que sí puede dar fe de algo, que ponerse en el lugar del otro sirve para ser algo más tolerante, sin tener que enclaustrar dicotomías que no responden a la forma de ver la vida (todo lo dicho hasta ahora no es más que una opinión, para quien no se haya dado cuenta. No pretendo imponer pautas de conducta, puesto que quienes elegís, al fin y al cabo, sois vosotros) No tengo un dedo inquisidor que señale un punto en la distancia porque los demás no formen parte de lo que se considera habitual.
Es fácil mostrar un catálogo donde intentan vendernos aquello que a veces sólo queremos oír. Pero todo sería mucho más sencillo si además de pretender ofrecernos algo, se preocuparan por explicar el manual de instrucciones. Y es ahí donde estriba el problema, pues a veces resulta algo frustrante ver como se pone en marcha una mecánica compensatoria, una metodología de quita y pon, para ver después que el responsable de entregarte el artículo, escatima en demasía a la hora de cedernos su tiempo sin que el funcionamiento del mismo nos quede del todo claro, y lo peor, que sus palabras se las lleva ya no el viento, sino una simple y suave brisa, dejando en entredicho que las intenciones de hacernos ver cuál debe ser la dinámica vital, no es más que el producto de una pantomima grandilocuente cuyas bases hacen alarde, entre otras cosas, de una descomunal desconfianza en él mismo.
Si de algo me he dado cuenta en estos años de vida, es que muchos presumimos (y en determinados aspectos, aunque sean pocos, me incluyo) de ser diferentes, cuando en realidad la inmensa mayoría cae en la mediocridad de lo estereotipado. Ese intervalo que de repetitivo que llega a ser, provoca náuseas. Para nada es negativo ser parte del centro, más cuando la cuesta se hace eterna y el intentar innovar sólo es para aquellos que quieren retar de tú a tú a nuestros días.
La finalidad de todo aquello que nos rodea es subsistir, por tanto, es lógico ver que nuestro sentir más instintivo se encuentre arraigado a la sociabilidad que toda especie debe tener, y aunque sea patéticamente normal ajustar nuestras miradas a un círculo endogámico que no entiende de contrapartidas, lo ideal, ya no porque sea coherente dentro de mi ensimismamiento intelectual, es que el número de posibilidades aumente, que la probabilidad sea algo puramente estocástico, para que la necesidad de resarcirnos de una sociedad “iconoclasta” sea mucho más que factible.
Mi caso quizá se ajusta perfectamente a lo descrito. Muestro unos intereses poco comunes, un comportamiento algo extraño que tiende a tirar a los demás hacia atrás, pero aún así, y a pesar del orgullo que a veces me secuestra, soy capaz de sentarme, observar y escuchar tantas veces como crea conveniente, hasta que logre entender en un alto porcentaje la visión del otro. Ese intercambio de conocimientos auspiciado por la empatía es lo que de verdad me ha hecho crecer, posiblemente también ha provocado que me pierda por alguna que otra cumbre borrascosa, pero ante todo he sabido buscar el paso limitante de una reacción sin sentido. Sin sentido porque meramente éste deja de tenerlo cuando después de escuchar el discurso del otro, observas que lo que dictamina su lógica, cae por su propio peso a base de contradicciones. En su intento de hacernos ver que es lo corriente, no se atreven a bajarse del burro para ver la postura del otro, de ése que a pesar de tener una visión distinta, es capaz de comerse su vanidad para pedir disculpas, para entender otra posición que no tiene que ver con la suya propia, pues es capaz de entender que no estamos hechos de la misma pasta.
Está claro que aquí estoy haciendo una reivindicación de principios, donde únicamente pretendo dar a conocer un pasaje alternativo. No quiero imponer nada ni atreverme a hacer uso del dictatorial ejercicio de no emprender un recorrido por el vasto concepto de la dualidad. Sólo expreso una opinión que está en consonancia con unos valores cada vez más en desuso: la empatía y la reflexión.
Insisto, estas líneas escritas no pretender ser ejemplo de nada para los demás, pero nunca está de más reflexionar, ver que los errores no son unidireccionales y que su defensa no siempre es producto de la inseguridad del prójimo. Es por ello que el mundo no deja de sorprendernos cuando la defensa imperiosa de unos rasgos culturales que ven quemadas sus banderas, se dedican a quemar la inocencia que un día pretendía dar rienda suelta a la objetividad mediante la suma de subjetividades.
La doble moral no es más que un juego a medias entre aquel que no es capaz de conocerse, y ni mucho menos, comprender las variables del sistema en el que se encuentra. No deja de ser curioso que traten de darnos lecciones aquellos que en su día a día hacen de las mismas un papel mecanografiado carcomido por la luz con dirección a la papelera.
Quizás un día deje de vivir de recuerdos para adentrarme en el maravilloso mundo de una realidad futura, inquina por un lado, pero díscola por el otro, propensa a decidir sucesos que nacen en nuestro amanecer cuando somos capaces de despertar en la madrugada, midiendo sin reglas preestablecidas, la distancia que separa las estrellas de nuestras ganas inconmensurables por seguir siendo un animal furtivo, ése que huye de las balas disparadas sin un objetivo en concreto, pero con una diana genérica.
Un saludo
December 11 Dos en uno; MAR y FIRMAMENTO estrelladoPaseo por el ilustre y somnoliento momento de un sentir despierto. Estupor desgarrador que implica que el día deje de lado puestas de sol en detrimento de lunas errantes, calmando el cebo de las mareas, ésas que se elevan ajenas a cualquier límite antepuesto por la solemnidad enfundada en un traje tan ajustado en sosiego, como holgado en temor. El mismo cuya repentina presencia urdió el plan de crear al maquiavélico ser de un estado intransitable, pero que a base de voluntad, fue desdeñado hasta el punto más significativo de la poquedad más putrefacta.
Y en este alarde de palabras desbocadas, trato de esconder el tesoro del afecto bien avenido, sepulturero de heridas cuyas cicatrices fluctuaron en un pasado no muy lejano, aunque lo suficientemente cercano como para firmar con sangre la incomprensión de una lágrima tan reseca como el óbito de aquel que ha huido, para luego encontrarse en las postrimerías del silencio más valioso.
A pesar de la lasitud del desdén, siempre me quedará la nostalgia de un mar en calma, bravío en esperanza y regio en añoranza, encumbrando sus banderas en islotes de cautividad, perviviendo ante anocheceres sin estrellas y amaneceres sin crepúsculo.
Ya dentro de tu austero recibidor, el asiento principal abre nuevas perspectivas, nuevos ángulos frente a la obtusa realidad que se distingue ante mis ojos, nublando mis sentidos donde los olores no son más que sustancias sin pronombres y carentes de adjetivos. Retorno a los espacios abiertos, para purificar mis pulmones desprovistos de un algo que pocos encuentran y otros muchos ansían...Quizás sean recuerdos que proyectan su existencia en la pantalla de ese futuro doblegado por la idiosincrasia de secuencias fortuitas que, en forma de caricias, proceden de las brisas diurnas que recorren el seno de una morada desdentada, donde reposa la soledad junto a la saciedad de los sueños sin dueño fijo.
Me encomiendo a la santificación del escepticismo, donde las divagaciones a mis dudas existenciales, se dan sin que haya existencia que valga.
Son tantas las preguntas que me surgen ante la inmensidad de tu mirada, ésa llena de destellos punteados que adivinan un más acá tangible de impresiones, enriquecidas por el latir de mil olas desarropadas, ajenas a la represión que nos impide escuchar con nuestra mirada. Hago un ejercicio de introspección para noquear la intrascendencia que remite el pesimismo como máxima en una vida sin apremios. Me valgo de la coherencia de tu venturosa presencia para arrojar unos pasos que van tropezando cuando el neonato que hay en mí, se niega a crecer ante la tesitura que impone la NADA cuando trata de apoderarse del TODO
Aunque parezca que no me hablas, la sonrisa que brota de mis labios me hace soñar con el día donde ambos nos fundiremos, pese a la distancia que separa mi yoicidad del sendero que me lleva a tus entrañas. Y ante el panorama de las vicisitudes, siempre estaré tirando de esa cadena que no impide que mi libertad se vea frustrada. No hace falta enviar señales para intuir cerca de mí la esperanza en forma de una impoluta naturaleza.
Sentado en mitad del universo, trazo con mis dedos el sonido de una melodía que empuña su espada frente al ego, y que rociada en esperanza, se prolonga por las vestiduras del tiempo anacrónico. Sólo pido un instante que me evada del dulce sufrimiento que adereza un semblante serio que sólo entiende de aquello que es ilegible. Empapo en tu esencia las hojas del diario que dictamina el qué y el cuándo que subyace en los silencios de mi soledad más llevadera, ésa que en ocasiones te da abrigo, como diría la canción. La que en mitad de la ventisca actúa y mueve una vida llena de relatos tan exiguos en contenido como largos en comprensión.
A pesar de los pesares, me cobijo en tu arena y me refugio del frío amamantando mi cuerpo bajo tu colcha de estrellas y tu cristalino aroma embriagado en salitre. Hoy te rindo este tributo, pues pese a no disfrutar siempre de ti, las veces que lo hago, y haciendo una analogía físico-química, doy un salto cuántico a un orbital donde no hay exigencias a la hora de retornar.
Déjame morir en tu regazo si todavía te queda algo de dignidad. Permite que mis cenizas no se las lleve el viento de poniente. Sólo quiero que sean arrastradas a las profundidades de tu inconmensurable aclamación. Bajaré hasta tus fueros con el único designio de emerger cada segundo de levedad secuestrada en una jaula sin rejas pero oxidada en recuerdos.
Me salvas cuando no hay tiempo para un rescate preciso, maniatado por la premura de la incondicionalidad sin condición. Como una furtiva ráfaga salobre, me cuelo en tus entresijos colmados de gotas que salpican almas tan vulnerables como ricas en palpitaciones de agua y sal.
Tú nos viste nacer, fuiste el soporte que conectaba el deseo de prosperar con el avance deseado por una tierra incandescente, fuente de energía de un planeta generoso con el prójimo, pero hostil frente a las dudas de un pasaje pedregoso cuyos cantos quedaron lejos de ser una reliquia sin mercado propio. Viviré oculto por los alabastros de la discordancia más complaciente. Sólo me queda decir que tras tu luz está el oxígeno sin necesidad de ser respirado, recubriendo nuestra piel con ese inagotable manifiesto por los derechos humanos, por los derechos de seguir soñando…
Buenas noches
|
|
|