Yvan's profileEn busca de El rellano s...PhotosBlogListsMore ![]() | Help |
|
September 09 Confianza Hay veces que uno necesita algo más que sus propias fuerzas para seguir ahondado en su propio mundo. Son palabras que traspasan las fronteras de lo ilimitado y que siempre son el mejor recurso para el sabor amargo de la enemistad inesperada.
Aquí dejo dos cartas que una persona allegada a mí recibió de parte de personas en común inmersas en el maravilloso mundo de la investigación científica.
Primera
Aunque pienses lo contrario, siempre he intentado ser buen amigo.
Buen amigo para mí no significa lo mismo que ser colega. Con los colegas te ríes, los colegas están a tu lado en los buenos ratos. Cuando lo pasas mal, te das cuenta de que los colegas desaparecen.
Un amigo está ahí siempre. Un amigo no te regala los oídos, o te dice cuan genial eres. Eso es cosa de los colegas. Un amigo también pasa por el mal trago de tener que decirte cosas duras, cosas que en definitiva te hagan avanzar.
Esto no es una competición por ver quien tiene razón. Te quiero y espero que algún día veas que lo que hago contigo no lo hago con nadie más, y que todo lo hago por amor.
Te veo estancado, y me duele. Me duele que un tío como tú, una persona con un enorme potencial, no saque fuerzas para romper sus propias barreras. Tú eres tu peor enemigo. Y sí. Sabes que por la situación en la que te encuentras, te has acomodado y has perdido ambición. No sabes cuánto me duele decir estas palabras.
Decía Epicteto: "Primero debes decirte a ti mismo lo que quieres ser, y luego hacer lo que tengas que hacer".
Ya sé que tienes ideas y proyectos.......pero no tienes ambición por llevarlas a cabo, pero las únicas buenas ideas son las que se llevan a cabo.
Te quiero y siempre te querré, aunque por intentar ser buen amigo y decirte también las cosas duras que un amigo debe decir, tenga que oír cosas desagradables.
Cuídate y espero que algún día veas las cosas como son.
Puedes dar mucho. Tú no te imaginas lo que una cabeza pensante como tú podría hacer en 10 horas de trabajo diario.
Segunda
Los patinazos son cosas que nos ha pasado a todos alguna vez, sobre todo cuanto más deseamos y anhelamos algo. Seguramente hay que tomárselo como parte de la dinámica de la vida, para que podamos medir y sentir nuestra capacidad de superación. No es más que trampitas que se nos ponen para que midamos con vara rasa cuánto nos interesa algo. ¡Y tienes la suerte de que tienes objetivos e ilusiones! y por ello también sientes a veces la sensación de fracaso. Si no hubiera expectativas, tampoco existiría a veces el sabor de esa amarga sensación de derrota. Pero, créeme, ambas merecen la pena.
¿Lo que opino sobre el fracaso? ¡Que no existe! Lo que existe es la sensación, pero el fracaso en sí NO. Si no, ¿por qué crees que lo que parece fracaso a algunos es un éxito para otros? Es simplemente un término relativo para poder explicar la sensación de éxito. No intentarlo es simplemente sucumbir a la sensación de fracaso y huir de ella. Te pondré un ejemplo: Durante 3 años consecutivos tuve una alumna fantástica en el curso de la UNED. Una chica interesada y que nunca faltaba a clase. Se sabía la materia mejor que yo pero ¿sabes? Nunca aprobó el examen... ¡porque nunca se presentó! Le daba terror el fracaso, creyó en él sin darse cuenta de que no existe en realidad. Es una creación necesaria de nuestra realidad. El fracaso es una parte muy importante del proceso creativo. Y el éxito auténtico no llega hasta que no hemos aprendido a fracasar mejor.
Y seguramente si tenía que ser así, será por alguna buena razón. Siempre he creído (y confirmado) que cuando algo nos parece terrible es solamente temporal y que viene acompañado por una respuesta y un resultado mucho más elevado. El único requisito: tener paciencia, fe y perseverancia.
Sé un poco más indulgente contigo mismo y perdónate, porque no hay nada irreversible.
Por lo demás, estoy encantada de que vengas por aquí y además tenemos buenos planes por delante.
Ya te lo dije: "nos va a ir muy bien". Y eso no cambia la formación de un buen investigador.
No vengas hasta después de ese día si estás desganado. No merece la pena que hagas ese esfuerzo, a no ser que quieras charlar un rato conmigo. Total, el examen es el miércoles y el lunes estaré de líos de vuelta y solucionando cosas urgentes. ¡Te dejo la semana libre, si te la quieres tomar! Eso sí, al lunes siguiente te quiero aquí como una puncha.
¡Contamos contigo! como decía el refrán.
September 03 Un año menos pa palmarla, 27 yaPues lo dicho, como dice en el enunciado, hoy cumplo 27 años (no me hago a la idea de que estoy cerca de los treinta....) Así que ya me va quedando menos para que los gusanos y demás organismos saprófitos se pequen un festín gracias a mí, que por falta de materia que no sea..... Así que invito a mis seguidores (ni que fuera una secta) y a los que no lo son a que dejen algún comentario en esta página; felicitarme o ponerme a parir, mandadme a la mierda,.... yo que sé, lo que más o apetezca. BESITOS September 01 ¿Impotencia?Esto que escribo va dedicado a una chica muy especial cuyo nombre refleja la fuerza del afecto y la necesidad de seguir creyendo. Todo ello ataviado con unos ojos que más que transparentes, hacen apología al buen sabor de boca que deja el saber algo sin necesidad de mediar preguntas.
LA IMPOTENCIA
La impotencia no sólo la causa el deseo sino también el olvido. Ese olvido que a veces perpetra en nuestras cabezas, cuando en realidad desearíamos hacer de nuestro cerebro un álbum de fotos que nos haga recordar hasta la posteridad multitud de momentos.
Y hablando de deseos, un ejemplo es el relacionado con esas ganas inmensas de tener en ese particular mundo donde vives encasillado, a esa mujer formando parte de ti y que por desgracia sólo puedes ver colmada dicha pretensión en tus sueños porque la realidad es bien distinta. Una verdad chocante donde las haya, que te empuja sin pudor contra el paraíso infernal de la ilusión cuando es ésta la que en teoría tendría que hacer de ese abismo, un lugar cálido donde subyazcan nuestros anhelos.
Esto conlleva a la impotencia de frascos rotos donde la fragancia de un atardecer se pierde entre las montañas, pues ya el Sol se cansó de darte oportunidades para dejarlas resbalar por la coraza de la indecisión.
Esa sensación vaga pero intensa de querer alcanzar el cielo con las yemas de nuestra alma como si se tratara de un bien material. Aunque en realidad nos estamos topando cada día con ese firmamento, pero no le prestamos atención porque ahora que hemos crecido sólo nos parecen naderías y cosas insignificantes, cuando de chavales todo ello nos parecía enorme y magnífico. Miro mis fotos de cuando era un crío y me veo reflejado en mi sobrino, donde la inocencia impoluta se entremezcla con la carestía de sentirme parte de un Algo del que muchas veces rehúyo por no hacer daño a aquel que está cerca de mí, ni para que me lo hagan.
Ya lo dije en mi entrada anterior “No me arrepiento”, pero es cierto que la impotencia no deja de ser un arma de doble filo y un juego cruel que tiene como principal virtud imitar el efecto dominó, cuando en realidad uno quiere dominar la situación, paradojas de la vida… Han sido tantas la cantidad de miradas perdidas en el limbo del subsuelo cuando mis intenciones eran que se perdiesen en el interior de unos ojos que la noche presentó en mi mesa de las oportunidades, hasta el momento en que le eché un par de huevos para catar dicho manjar, mi cobardía se entrometió y me retrajo involuntariamente alejándome poco a poco de ese suculento menú de sonrisas tímidas y rasgos timoratos cubiertos por la hegemonía de ese monte Olimpo que un día los dioses griegos conquistaron.
Sé que duele estar enamorado, lo sé de buena tinta porque he sufrido tanto por ello que entiendo la postura de aquella chica que se enamora hasta su último capilar sanguíneo para luego darse cuenta de que la otra parte simplemente quería pero no amaba. Quizá en mi caso no se trate más que de uno de esos mecanismos compensatorios de los que tanto hablo a nivel evolutivo y psicoanalítico, pues es más que evidente que no soy un santo y a lo largo de estos años he sido cruel con algunas personas. Es por ello que me atengo a la escuela freudiana para explicar este comportamiento a modo de hipótesis, porque lo que busca mi mente sin yo darme cuenta, es alejarme hasta el infinito de todo aquel que admiro y quiero y al que pueda hacer daño, porque sé que por mi forma de ser, casi incontrolable en ocasiones, hago daño, y como buen elemento que concierne al conflicto de intereses, esa parte de bondad que todavía queda en mí, lucha contra esa otra sádica y tremendamente deleznable.
La sensación de poder encaramarte en lo más alto de tus posibilidades y sentir una opresión invisible que te desvalida y que no es más que el poderío de una mente frágil que te sume en lo más profundo de tus alturas. De sentir que tras varios intentos de superación, alcanzas la cima y un alud o desprendimiento te hace retornar a los albores de la desolación al cavilar cuanto ha costado conseguirlo y cuan de rápido resulta el perderlo. Años y años de lucha contra tu propia supervivencia para que en un palmo de terreno recalifiquen tu futuro sin mas sobriedad que la que da el estar ebrio de la ambición más nefasta.
Tener la sensación de que la única persona que confía en ti eres tú mismo es decir una mentira a medias, pues es cierto que el que te da el mayor empujón en este largo y en ocasiones desazonado mundo eres tú mismo, pero para poder empujarte, tenemos que hacer uso de esa cadena de acontecimientos cuyos eslabones lo conforman aquellos a los que de verdad amamos. Esos que condescienden de una sociedad inherente al concepto de familia en el sentido más sentido de los sentimientos. Sin ellos muchas veces es difícil dar ese paso definitivo que te permite cruzar el río cuando tienes como único acompañante material un trozo de madera que se encuentra en pleno proceso de descomposición. Por eso no me cabe duda de que muchos, en ocasiones, no habéis sentido ese suspiro en vuestra cerviz lleno de armonía y energía para saltar todo lo lejos que una fuerza aparentemente estéril te permita saltar. El apoyo de unos padres, de unos hermanos, amigos, ellos son el verdadero detonador que nos hacen ser lo que hoy somos pues no tendría sentido evolutivamente hablando que fuéramos nosotros los únicos responsables de nuestros éxitos y fracasos. No somos nada sin nadie y somos algo cuando el vacío se hace un Todo gracias a esa capacidad de los seres vivos llamada convivencia y cooperatividad.
Pero el sentirte impotente no tiene porque convertirte en un fracasado o en un despojo de la sociedad, forma parte de este libro de cuentos e historias que cada día nos dedicamos a escribir en cada milímetro de tiempo que supone una hoja en blanco susceptible, o bien a ser garabateada o bien a ser el comienzo de esa línea continua y progresiva que no conoce techo cuando se representa en unos ejes cartesianos. No conseguir ese tesoro tan ansiado cuando se pone todo el empeño del mundo no supone más que el espíritu de un triunfador, de la valentía en forma de intentos por conseguir eso en lo que creías y con lo que soñabas. Que no lo consigas ahora no te hará ser menos sagaz que aquel que sí lo ha encontrado, pues existen mil y un tesoros en nuestro entorno que compensan y enmudece por mucho tiempo la decepción de no haber alcanzado el nirvana de un mar encaramado de tesoros que hasta el momento no ha querido formar parte de tu círculo vital.
Aunque lo bueno del tiempo es que todavía podemos darle un significado, y a pesar de que nos quede la opción de irnos por otros lares, siempre perdurará esa actitud pertinaz que nos impide corroernos en el empeño hasta conseguirlo.
En definitiva, prefiero sentir esa sensación del ser impotente por muy dolorosa que sea porque según mi criterio, es análogo a haberlo intentado y eso me convierte no en un triunfador, pero sí en un guardián de la valentía.
Así que ya sabes preciada amiga, espero que al leer esto que tú misma me pediste, te sirva para reconfortar aunque sea una millonésima parte ese ánimo que nunca debió ser objeto de un atentado hacia la noria de las posibilidades.
Abrazos |
|
|